Nehemías y la ley de Dios
Neh 5:1-7
menciona algunos problemas que estaban atravesando los judíos, como el hambre, la
desigualdad o la servidumbre a la que se somete el que toma prestado. Todas
situaciones que también vemos hoy en la sociedad. En esto confirmamos que la
Biblia es tan actual hoy como entonces. Entre los judíos se hacían préstamos
para comprar comida o para pagar los impuestos al rey y muchos se habían
convertido en usureros. Es decir, prestaban a sus hermanos y cobraban intereses
mientras que los deudores como no tenían para pagar empeñaban hasta sus
propiedades. Esto había puesto en dificultades económicas a algunos mientras
que otros se enriquecían. Pero la usura (prestar con intereses) estaba
prohibida en la ley de Dios:
“No exigirás de tu
hermano interés de dinero, ni interés de comestibles, ni de cosa alguna de que
se suele exigir interés. Del extraño podrás exigir interés, mas de tu hermano
no lo exigirás, para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos en
la tierra adonde vas para tomar posesión de ella” (Dt 23:19-20)
¡No
podían cobrar intereses a los hermanos!
La ley
de Dios nos ayuda y enseña a vivir mejor. Cuando fallamos o fracasamos muchas
veces es por faltar a la obediencia a la ley de Dios. La sabiduría y el consejo
lo encontramos en su Palabra. Nos direcciona hacia una vida santa y justa. Así
como también oramos siempre por los que están en eminencia, aquellos que nos
gobiernan. Muchos de ellos juran sobre los evangelios cuando asumen un cargo.
Oramos para que abran y lean y cumplan lo que allí está escrito. Y así podamos
vivir en quietud, reposadamente, piadosamente, en paz.
Los
judíos tenían la ley y no la obedecían. Tras esa ley estaba el hecho de que la
familia y Dios están por encima del dinero. Nehemías se disgustó porque el
pueblo no cumplía esto. Frente a estos problemas del pueblo él reacciona. En
principio medita. Así como también nosotros cuando tenemos problemas, podemos
acudir a Dios como nuestro psicólogo, en quien podemos confiar y a quien
podemos contarle todos nuestros problemas. Nehemías analizó lo que pasaba y
actuó reprendiendo a los nobles y oficiales del pueblo exigiéndoles que dejen
de retener propiedades que no les correspondían y de exigir intereses. De ellos
ninguno pudo replicar o excusarse. Esto nos habla de aprender a callarnos y
corregir cuando hacemos las cosas mal y nos advierten. Nehemías también nos
enseña a enfrentar los problemas. Hay veces en que éstos requieren atención
inmediata, sin dilaciones; no sea que caigamos en la tibieza, por la cual el
Señor dijo que vomitaría a los que no son ni fríos ni calientes (Ap 3:16). Dicho
de otra forma, Nehemías “tomó el toro por las astas”, convocando a una
audiencia pública y comprometiendo a todos.
Neh
5:13 dice: Además sacudí mi vestido, y dije: “Así sacuda Dios de su casa y de
su trabajo a todo hombre que no cumpliere”. En nuestra casa a veces sacudimos
el mantel, o como dice Nehemías, el vestido. Y a veces necesitamos sacudirnos a
nosotros mismos, porque sino Dios lo va a hacer y el relato será otro. Quiera
Dios que con su ayuda y con su amor yo sea sacudido para que pueda llevar fruto
y ese fruto permanezca.
Notemos
también que no dice Nehemías que durante el problema que ellos tuvieron la obra
de reconstrucción continuara. Cuando hay un conflicto en la iglesia la tarea se
detiene, haciendo que unos estén cómodos y otros no. Yo debo procurar en todo
no ser una carga para los demás. El Señor nos manda que nos llevemos bien con
todos en cuanto dependa de nosotros (Ro 12:18).
Neh 5.9 y 5.13 mencionan el temor de Dios. En el primer caso, el temor que no tuvieron los que desoían de la ley divina. En el segundo caso, el temor de Dios que tenía Nehemías. Tener temor de Dios es tenerle respeto y reverencia; no miedo. Significa saber lo que Él puede hacer en mi vida. Es involucrarlo a él en todo; en las charlas que tenemos, decisiones que tomamos o estudios que hacemos. Temor de Dios implica saber que Él siempre está presente, que Él es justo y yo soy pecador. Significa saber que todas las acciones tienen consecuencias y que Dios no puede ser burlado. Dios se complace en los que le temen. Felices los que tienen temor de Dios, porque Dios los defiende, y los bendice y recompensa. Recordemos a Abraham, Moisés, David o Daniel. Todos ellos eran personas con debilidades, pero por su temor a Dios llegaron a puestos muy altos. Dios también preparó de antemano las obras en las que nosotros debemos andar. Somos como vasija de barro, portando el tesoro del evangelio. La vasija en sí misma no es llamativa ni tiene forma de lucirse, pero cada creyente tiene adentro lo que es de valor, el contenido, que es el evangelio de Jesucristo, de modo que podemos ser de bendición para los hermanos y para los que nos rodean, en el lugar donde estemos.