Miércoles, 2 de Enero del 2019

Integridad de Nehemías

Una de las características que se aprecian de Nehemías es que él expresaba lo que había en su corazón. Cuenta acerca de sus sentimientos, como la tristeza que sintió cuando se enteró de la situación en Judá. Esto es diferente de otros personajes en la Biblia cuyos sentimientos no siempre son manifestados. Nehemías hace oraciones cortas. Su comunión con Dios es continua. Él siente la necesidad de presentar su causa a Dios y tener su aprobación. “Acuérdate de mí… de todo lo que hice” (Neh 5:19, 13:14).

Habíamos visto que Nehemías era copero y tenía buena relación y confianza con el rey Artajerjes. Tal es así que el rey lo nombra gobernador interino y Nehemías se va a Jerusalén. Allí mira las condiciones en que estaba la ciudad y ve los muros destruidos. Va lugar por lugar, recorriendo y yendo aún a lugares por los que era difícil pasar porque había muchos escombros y donde las puertas habían sido quemadas. Entonces él releva la situación y ve que la tarea de reparación demandaría mucho trabajo y busca apoyo (Neh 2:11-18). Pero no todo es fácil en la obra del Señor. También hay oposición, y puede ser muy dura de hecho; como la que vimos cuando se edificó el templo (en el libro de Esdras). Los enemigos de los judíos, entre los que había samaritanos, árabes y amonitas, hacen escarnio de ellos. Pero el que sabe que su trabajo y llamado son de Dios no debe tener preocupación o miedo por estos hombres o por la oposición. Ante la acusación por desobediencia civil, Nehemías se defiende pero no menciona la autorización del rey Artajerjes, sino apelando directamente a Dios, el “Dios de los cielos”. La comisión de edificar el templo no era del rey, sino de Dios.

En el capítulo 3 se ve la descripción de cómo tomaron parte cada uno en la construcción del muro. La familia de Eliasib por ejemplo edificó la Puerta de las Ovejas. El muro estaba completamente destruido. El trabajo no podía ser hecho por un solo hombre. Cada uno debía hacer su parte y estar en coordinación con el que construía al lado. Existía una comunicación y una unidad de decisión donde cada uno hacía la parte que le correspondía.

En el capítulo 4 los enemigos externos ven a los judíos como débiles y siguen haciendo escarnio de ellos. El trabajo era inmenso, no había mucha gente y se requería bastante esfuerzo. Los enemigos veían sin embargo ese gran empeño y vocación en los judíos. El cristiano no tiene que mirar la dificultad que conlleva hacer el trabajo, sino el hecho de que Dios quiere que se lo haga.

De parte de los judíos que vivían con los enemigos (y oían sus amenazas) provienen entonces palabras desalentadoras que desmoralizan al pueblo. Pero Nehemías les da ánimo para que cobren coraje. Les exhorta diciendo: ¡Luchen por sus familias! (Neh 4:14-15). Entonces no se detuvieron los judíos (a pesar de las amenazas de muerte, y la conspiración del ejército enemigo) y siguieron edificando. De Nehemías podemos aprender muchas cosas. El siervo de Dios no es un superhombre. También tiene miedo, se encuentra en una encrucijada, se enfrenta a una obra gigantesca. E igual tiene confianza en Dios, sabe que Dios quiere que se haga el trabajo, a pesar de las dificultades y los enemigos. Aún contra viento y marea, el siervo de Dios prosigue hacia adelante a hacer la obra.