Guarda tu corazón
➡ Hijo mío, está atento a mis palabras. Inclina tu oído a mis razones.
El Padre busca llamar la atención a su hijo. ¿Cuándo inclinamos nosotros el oído? Por ej: cuando hay un ruido raro en el auto y nos detenemos para descubrir qué lo genera, o cuando estamos durmiendo y nos despertamos de repente y prestamos atención y especial oído para escuchar a nuestros hijos.
➡ No se aparten de tus ojos. Guárdalas en medio del corazón.
Las palabras de Dios, que no se aparten de mis ojos, deben ser el foco de mi atención. Es decir, sin distracción, sin mirar para otro lado. Mirar el objetivo, mirar lo que dice la Palabra de Dios.
Tienen que estar guardadas en medio del corazón. ¿Y qué es lo que guardamos? Guardamos las cosas que valoramos, las cosas preciosas. La palabra de Dios es un tesoro precioso que debemos guardar, no en un costado, sino en el medio del corazón.
➡ Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo.
Como nos dice Pr 8:35 hallar la sabiduría es hallar la vida. Por lo que la sabiduría se encuentra allí, en las razones del Padre, en su Palabra. Nos dará calidad de vida.
➡ Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
"Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón" (Mt 6:21). Es decir, si la Palabra de Dios está en nuestro corazón, vamos a estar en el centro de su voluntad. Algo que todos los creyentes buscamos y anhelamos encontrar. Un alhajero es de valor, pero lo más valioso es lo que tiene adentro. Así debe ser nuestro corazón. que se guarda a sí mismo cuando guarda la Palabra de Dios.
➡ Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios.
Palabras sucias o con doble sentido, pensamientos desagradables a los ojos de Dios. Para cuidar el corazón debemos apartarlas de nosotros. La perversidad y la iniquidad nos contaminan. Dios quiere que tengamos labios santos.
➡ Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
Si miramos a Dios, a su Palabra, debemos dirigirnos hacia Él, que es quien tenemos delante. La marcha es hacia adelante. Tenemos cosas de las cuales alejarnos (la iniquidad de los labios) y cosas hacia las cuales acercarnos: la Palabra de Dios, y la rectitud.
➡ Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal.
Para saber si nos desviamos, debemos evaluar hacia dónde van nuestros pies. Examinar nuestra senda es analizarnos para ver si vamos hacia la meta, hacia el objetivo. Si no vamos directo a la meta, el desvío sólo nos hace perder tiempo.
Y si hemos caído, tenemos la medicina que es aquella misma que nos amonestaba al comienzo. Si estamos estropeados, en la Palabra de Dios tenemos la medicina, el consuelo, el desafío, la esperanza, la paciencia de Dios y su perdón; para volver a levantarnos y seguir adelante, para sentir el perdón y el amor de Dios y seguir en la carrera.